domingo, 12 de mayo de 2019

El pacto libertario

¿Es posible unir a progresistas y conservadores?


Si uno asiste a las conferencias que dan las figuras más reconocidas del liberalismo en la actualidad, son notorias las chicanas y los mensajes para adentro que vociferan. Es decir, en el momento en que aparece el ideal libertario con fuerza seria, movilizando un creciente número de jóvenes desencantados con el socialismo, el mensaje dejó de ser para la sociedad, y pasó a ser para nosotros mismos.

Me refiero, por supuesto, a la cuestión del orden moral. Gloria Álvarez, hace pocos días en Buenos Aires, directamente dijo: "No podemos confiar en los conservadores, ni podemos pactar una alianza política con ellos, porque a lo largo de la Historia, cuando hubieron alianzas la agenda libertaria quedó relegada por la agenda conservadora".

Iván Carrino y Alejandro Bongiovanni no se quedaron atrás. Respondieron enfáticamente, mostrando los dientes al sector que se autodenomina paleolibertario, es decir, el sector libertario que posee valores morales cristianos o conservadores y no acompaña la agenda progresista.

Nicolás Márquez, por otro lado, en esa gran conferencia que diera junto a Agustín Laje y Javier Milei en marzo, acusó a los liberprogres de no haber hecho nada por la difusión de las ideas, de haberse quedado cómodos en sus oficinas mientras, tanto Milei como Laje, se metían en la cancha a embarrarse contra la corrección política que convirtió al discurso progresista en un dogma. Los acusó, claro, de cosechar el fruto que ellos sembraron.

Sí, el mismo Nicolás Márquez que se burla del SIDA y que tilda de sodomitas a los homosexuales. A mí, particularmente, el término sodomita no me quita el sueño. Pese a la carga simbólica (tiene un origen religioso) y al sentido peyorativo que pudo haber tenido, por su definición, sodomita es quien practica sexo anal. Yo soy un sodomita y lo reconozco sin ningún tipo de drama.

¿Es realmente ideológico el problema? ¿Es el orden moral lo que divide al movimiento liberal, o hay intereses sobre los que las bases no tenemos idea?

En primera instancia, necesitamos encontrar los puntos en común. Tanto progresistas como conservadores estamos de acuerdo en un punto clave: queremos ser libres, y queremos que el Estado deje de intervenir en nuestras vidas. Ni en nuestros bolsillos, ni en nuestros pensamientos, ni en nuestra educación. Si esta es la idea, entonces veremos que en la Argentina la libertad se encuentra en una situación de crisis, y que hace muchísimos años vivimos agarrados de los huevos por la clase política que nos expolia.

En este sentido, cuando podemos comprobar que somos de los menos libres del mundo, y que esta situación se agrava a medida que merma el sentido común; es cuando tenemos que entender que más allá de que no concordemos en algunos otros aspectos, tenemos que mirar lo esencial.

Por ejemplo, los progresistas pueden pedir legalización del aborto, legalización de las drogas y de la prostitución; y los consevadores podríamos no estar de acuerdo. Punto, fin. ¿Por qué habría esto de generar una ruptura política irrecuperable, si lo que queremos es libertad? Libertad, por ejemplo, para disentir entre nosotros.

Los conservadores pueden pedir que el Estado deje de educar en perspectiva de género, deje de legislar los matrimonios, o deje de subsidiar las cirugías a transexuales, y algunos progresistas (o todos) pueden no estar de acuerdo. ¿Y qué? ¿No tenemos la libertad de no coincidir siempre?

Los movimientos políticos tradicionales son verticalistas y no admiten la disidencia con la conducción. Es la política tradicional, justamente, la gran responsable de que nos encontremos en esta crisis total, que nos ubica a la altura de países como Botsuana (con todo el respeto que merecen los paises africanos). Si no planteamos que debemos romper con esta lógica verticalista, no podremos innovar, y eso es lo que debemos hacer, en mi humilde opinión, en la escena política nacional: innovar para romperla en mil pedazos y destruir el poder de los garcas que como muy bien señala Espert, nos tienen atados a la decadencia.

Tengamos la libertad de disentir, y la inteligencia de unirnos. Todos queremos ser libres. Todos queremos que el Estado nos deje tranquilos. Si queremos, o no, creer en Dios. Si queremos, o no, disfrutar de la posmodernidad.

Agustín Etchebarne expuso el jueves que en Estados Unidos, los republicanos lograron unir en una coalición política a un grupo de sectores frente a los demócratas. Esta coalición estaba integrada por los "déjenme tranquilo", frente a los colectivistas del "quiero más".

COALICIÓN "DÉJENME TRANQUILO": National Rifle Asociation (libre portación de armas), religiosos  (católicos, evangelistas, mormones, etc), Taxplayer Alliance o Americans for Tax Reforms (Contribuyentes unidos, digamos, los pagadores de impuesots organizados, cosa que en Argentina creo que no existe), pequeños empresarios, emprendedores, homeschooling (gente que NO quiere que el Estado dirija la educación de sus propios hijos) y las fuerzas armadas.

Esta coalición incluye, entonces, a todos los sectores que en los últimos años sufrieron el embate de la agenda progresista, que per se no es mala, es decir, en general creo que todos estaremos de acuerdo en qué cada cuál puede consumir la porquería que quiera, que cada uno se viste como quiera, que todos tenemos derecho a igualdad ante la ley, que la orientación sexual no tiene por qué convertirse en un estigma, etcétera, etcétera; pero también estaremos de acuerdo en que no tiene que ser el Estado el que reproduzca intimidatoriamente su ideología, centralizando en sus manos la dirección del pensamiento de las personas.

La Iglesia Católica tiene una carga histórica, al igual que la cristiandad en general. Han hecho del poder estatal una herramienta para imponer su doctrina, es innegable. Los conservadores libertarios no queremos imponer nada de eso mediante la regulación del Estado. No apoyamos determinadas luchas porque no las sentimos como propias, lo cual es totalmente sano.

Simplemente miremos la segunda coalición presentada por Etchebarne, la de los demócratas:

COALICIÓN "QUIERO MÁS": sindicatos, empleados públicos, planeros e inmigrantes vividores (Welfare recipients), políticos, docentes, jubilados, corporaciones, empresaurios.

Esta es la coalición que necesita de nosotros para vivir, es decir, la que aboga por la expoliación de nuestros bolsillos mediante el impuesto (para financiarse, por ejemplo planeros y empleados públicos), la regulación económica (corporaciones y empresaurios, para ahogar a la competencia) y la dirección del pensamiento (para que lo permitamos ideológicamente. Ejemplo, docentes y políticos).

La sociedad argentina, la nuestra, es distinta a la estadounidense, es cierto. Es decir, la coalición "DÉJENME TRANQUILO" argentina, posiblemente tendría una integración variopinta. Pero sin dudas, la coalición "QUIERO MÁS" es la misma.

No es enemigo el que me trata de sodomita. Ni el que pide pena de muerte. Ni el que no considera al aborto un crimen. Ni el que no comparte mi fe. Ni el extranjero.

El enemigo es el que intenta someternos. Es el que interviene con la fuerza para decirnos qué pensar o qué hacer, el que nos nos deja realizarnos como individuos libres. Necesitamos de un pacto libertario para entender que no es el orden moral lo que tenemos que disputarle a la política, sino nuestra libertad. Tenemos que estar a la altura.


Ver Conferencias de Gloria Álvarez en Argentina y de Marquez, Laje y Milei en BsAs.


Por Hernán Stuchi 
Pibes Libertarios

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La libertad no es una mera idea, una linda abstracción, más o menos adorable. Es el hecho más práctico y elemental de la vida humana. Es tan prosaico y necesario como el pan. La libertad es la primera necesidad del hombre, porque consiste en el uso y gobierno de las facultades físicas y morales que ha recibido de la naturaleza para satisfacer las necesidades de su vida civilizada, que es la vida natural del hombre, por excelencia. — Juan Bautista Alberdi

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